Archivos en los que la prensa puede confiar: una lista de comprobación para imprenta desde nuestro departamento de preprensa.
Cada archivo que llega a nuestra fábrica pasa por un único departamento antes de acercarse a una Heidelberg. Esta es la lista de comprobación que ese departamento aplica de verdad, y los errores que detecta, semana tras semana, en estudios de todos los tamaños.
La preprensa es la sala menos romántica de una imprenta y la que decide si las salas románticas funcionan bien. Nada de esta lista es exótico. Es el mismo breve conjunto de comprobaciones que llevamos años aplicando a los archivos entrantes, y el mismo breve conjunto de problemas que encontramos. Repásela antes de subir sus archivos y su libro pasará directamente a pruebas; sáltela y los primeros días de su calendario se irán en correos electrónicos.
Envíe un PDF que la prensa entienda
Preferimos PDF/X. Es una variante restringida del PDF creada para imprimir: las fuentes deben estar incrustadas, el color debe estar definido y las ambigüedades que hacen imprevisibles a los PDF ordinarios sencillamente no están permitidas. Si su aplicación de maquetación puede exportar PDF/X-1a o PDF/X-4, úsela. Y exporte lo que exporte, asegúrese de que todas las fuentes estén incrustadas o convertidas en curvas: una fuente ausente no falla en voz alta. Se sustituye en silencio, y la línea recompuesta acaba en el libro terminado.
Color: CMYK y los dos negros
La prensa imprime cuatro tintas. Un archivo creado en RGB debe convertirse a CMYK en algún momento, y si deja esa conversión al azar, los intensos azules y verdes eléctricos de su pantalla volverán apagados: el RGB describe luz, y parte de esa luz no tiene equivalente en tinta. Convierta de forma deliberada, en su propio estudio, donde pueda ver qué cambia y ajustarlo.
Luego está el negro, que en la prensa son dos cosas distintas. Las grandes áreas sólidas —fondos de cubierta, plenos de página— piden un negro enriquecido, algo como C40 M30 Y30 K100, que imprime profundo y uniforme. El texto pequeño pide solo 100 % de K: una sola plancha, nada que desajustar, nítido a cualquier tamaño. Componga el texto pequeño en negro enriquecido y la más mínima desalineación dará a cada letra un halo de color. Relacionada con esto está la cuestión de la sobreimpresión: el texto negro normalmente debe sobreimprimir sobre el fondo que tiene debajo, mientras que los objetos de color reservan. La mayoría del software de maquetación hace lo correcto por defecto; los errores vienen de los ajustes manuales, y por eso los buscamos en la verificación previa.
Un límite más que conviene conocer: el papel solo puede retener una cantidad determinada de tinta. El estucado tolera una cobertura total de tinta mayor que el offset, que absorbe más y seca más despacio. Si sus negros enriquecidos y sombras profundas apilan los cuatro canales cerca de sus máximos, pregúntenos el límite para el papel elegido antes de construir el archivo.
Geometría: sangrado, márgenes, resolución
Cada borde que vaya a guillotinarse necesita 3 mm de sangrado: la imagen se prolonga más allá de la línea de corte, para que la cuchilla nunca deje ver un filo blanco. En la dirección contraria, mantenga la materia viva —texto, folios, todo lo que deba sobrevivir— al menos a 5 mm dentro del corte. La guillotina es mecánica y precisa, pero el papel es papel, y un pie de foto a 1 mm del borde es una apuesta. Las imágenes deben ir a 300 ppp a su tamaño final de impresión; una fotografía a 300 ppp ampliada al doble de ancho en la maqueta es una fotografía a 150 ppp, diga lo que digan las propiedades del archivo.
El lomo no se adivina
El error más frecuente en los archivos de cubierta es una anchura de lomo tomada de un libro anterior, del libro de un competidor o de la nada. La anchura del lomo es aritmética: el grosor real del papel multiplicado por el número real de páginas, más el margen de la encuadernación. Dos papeles de idéntico gramaje pueden diferir sensiblemente en grosor, así que la única cifra fiable es la del impresor que tiene el papel real en la mano. Pídanos la anchura del lomo: nunca la adivine. La calculamos a partir del papel que tenemos en estantería y le enviamos una plantilla de cubierta con ella ya dibujada.
Y después, deje que el papel zanje la discusión
Cuando el archivo supera la verificación, hacemos una prueba física —de tres a cinco días—, y este es el paso que pedimos a los clientes que no se salten. Una pantalla emite luz; el papel, no. Una prueba le muestra los azules ya convertidos, el peso real de sus negros, el corte en su mano. Zanja, en un solo sobre de mensajería, discusiones que las capturas de pantalla alimentan durante semanas. Apruébela, y la producción transcurre en quince a veinticinco días sin sorpresas en el archivo, porque no queda nada en él que no hayamos tenido ya los dos en las manos.